ABSTRACCIÓN:

La Caja de Ahorros Municipal de Pamplona ha vuelto a traer estos días en este caso a la García Castañón, una amplia y variada colección de obra de aquel pintor valenciano. Bartolomé Roca, que tan grato recuerdo dejara con motivo de su exposición en la Ciudadela allá por 1984. Uno de esos pintores mediterráneos – ello aunque ahora este domiciliado en Madrid – trascendidos por la luz y, además tan bien formados, por lo menos en lo que a oficio se refiere, en la Facultad de Bellas Artes de Valencia.

No, tampoco esta vez Bartolomé nos defrauda con su trabajo. Es más, yo diría que precisamente porque ha madurado más y se ha desempeñado, más aún, en ser él y desarrollar su pintura a su estilo y manera – y lo hace partiendo de una evidente preocupación por el color, apoyándose en una síntesis de lenguajes definitivamente sentidos con el vientre, que es precisamente donde reside la emoción – ésta llega a presentarse como un hecho importante.

El conjunto que Bartolomé nos trajo en esta ocasión, es una verdadera fiesta en la que triunfan la luz y el color – como en la pintura debe de serlo – incluso por encima de conceptos tales como el de espacio. Un conjunto apoyándose sólo en la medida de lo necesario en una referencia de la figuración paisajística, desarrolla toda una teoría pictórica basada en las propias calidades de la pintura, en la que pasando por todos los tipos de protolenguajes posibles, se termina en un increíble juego y conocimiento de transparencias auténticamente de virtuoso - ¡y hay hasta cuadros, sobre todo algunos de los menos <<románticos>>, que incluso me llegan a hacer recordar al Velázquez de <<Las lanzas>>!

La verdad es, que creo que quien se acerca a esta exposición y se va dejando llevar por ella de aquí para allí y se termina parando en conjuntos como el que integra esa serie <<modular>> de seis elementos, o salta al paisaje inmediato, vuelve al cuadro titulado <<El bosque>>, se mira en el llamado <<El puente>> o se enfrenta, finalmente, a la pieza más noble de la exposición – la pintura ubicada presidiendo la estancia inferior de la sala – termina por reconocer tanto la riqueza de la misma, como la importancia de la pintura - pintura que la anima.

Y es que, Bartolomé es un pintor serio, un pintor importante, que además de saber muy bien lo que se trae entre manos, es capaz de desarrollar y combinar a la perfección – dentro del mundo peculiar de sus propias maneras – el importante bagaje de aciertos con que, la pintura <<contemporánea>>, ha enriquecido el legado esencial de la pintura <<clásica>>. ¡Y la verdad es, que eso es mucho!

Marín-Cruz
Diario de Navarra (Martes, 9 de abril de 1991)