SIMBOLISMO:

La pintura como sistema representativo trascendente se fundamenta siempre en realidad expresiva de las formas, entendiendo aquí por forma no sólo el aspecto que caracteriza y confiere identidad a lo particular de los objetos, sean estos concretos oabstractos, sino también a todo lo referente al orden superior que prefigura la totalidad de la obra, o lo que es lo mismo, su estructura básica, la cual se define y concreta dentro de leyes propias de rigurosa interacción. De hecho, la pintura constituye eso: el método fundamental de descubrimiento y revelación del universo estético de las formas visuales, siendo éstas el reflejo fiel y profundo del pensamiento y de la sensibilidad de cada época y lugar.

Sirvan las premisas anteriores como pórtico de presentación de la interesante obra que hoy muestra el artista Bartolomé Roca, obra que sin duda hay que considerar como una realidad ambiciosa que el joven pintor ha sabido dominar y llevar a feliz término gracias a su extraordinaria capacidad y su profunda preparación.

La cosmología plástica de Roca ofrece un sobrecogedor panorama de formas integradas en un todo, trabado y ligamentado, perfectamente unificado, y de ritmos internos vitales que directamente nos evocan un mundo de organismos de naturaleza visionaria y que podríamos definir como las subestructuras de lo morfológico como ente. Desde este ángulo de apreciación la obra de Bartolomé Roca nos sumerge en la realidad mística de lo subyacente, y en ella se mueve el espíritu con el deseo de indagar el secreto íntimo de las cosas.

El color, en el momento actual de este pintor no es concebido ni tratado como un hecho eminentemente óptico. Por eso, la luz no quiebra ni se modula en las irisaciones múltiples del fenómeno visual. El color en la obra de Roca dimana de una luz interior, organizada, eso si, en masas de distinta valoración, pero quedando reducido a unos esquemas básicos, de caracterización genérica y apoyando siempre el proceso unificador de las formas. Los rojos (desde el carmín, el rosa, el bermellón y los anaranjados amarillentos) definen el clima cromático. El verde aparece, de vez en cuando, como contrapunto armónico de los anteriores tonos.

Podemos decir que formas y colores asumen una función única dentro de un sistema pictórico perfectamente coherente, donde el expectador de espíritu abierto acaba encontrándose a sí mismo en el nivel de lo estético y de lo significativo.

FRANCISCO BAÑOS
Catedrático de Bellas Artes de Valencia